Considere The Shire, una pequeña porción idílica de cielo donde las calabazas regordetas se encaraman en arboledas de jardín truncadas para convertirlas en pasteles, sopas y cervezas para remar en The Green Dragon. Aquí, el canto y la alegría irrumpen por la puerta y se adentran en el bucólico campo circundante, llenando el área con una sensación de calidez que es a la vez sincera y completamente natural. Hacia el este, sin embargo, la torre monolítica de Isengard se cierne sobre los bosques desolados, donde la maquinaria burda zumba al paso de la oca en estampida de la industrialización apática e insensible. Bárbol tiene cierto poder para deshacer las represas del violento río del bosque, ya que elimina los engranajes diabólicos del supuesto progreso y demuestra que la naturaleza, al final del día, siempre reinará de manera suprema.
Las criptomonedas no son buenas. Generan cantidades significativas de energía no esencial y conducen a enormes emisiones de calor del hardware vinculado a modelos de obsolescencia planificada que, como resultado, deben ser reemplazados de manera alarmante. Además de eso, también generan desechos electrónicos y alientan a las personas a instalar enormes plataformas de minería: hay una razón por la que las GPU de la serie 30 son tan escasas, y no es solo por los revendedores. La minería de Bitcoin usa más energía que todo el país de Argentina.
Relacionado: La industria de los juegos no puede crecer mientras …